La crisis del agua y la disputa silenciosa por su control en Luruaco
- Editorial por el Agua

- hace 3 días
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La cultura del agua, es decir, la forma en que una comunidad se relaciona con este recurso vital, se ha vuelto cada vez más compleja en Luruaco. Durante varios años, miles de familias han vivido entre la incertidumbre, la baja presión, la sectorización, los carrotanques y los largos periodos sin acceso continuo al agua potable. La molestia ciudadana es legítima. El cansancio social también. Nadie puede negar que existe una crisis real.
Basta escuchar a las comunidades para entender la dimensión del problema: barrios completos reportando días sin agua, familias almacenando en baldes lo poco que logran recoger, sectores enteros esperando durante horas un servicio que muchas veces llega con poca presión o simplemente no llega.
Pero justamente por lo grave de la situación, Luruaco debe tener cuidado con algo aún más peligroso que la propia crisis: permitir que el sufrimiento ciudadano sea utilizado para impulsar intereses políticos y económicos oportunistas alrededor del control del agua.
¿Intervenir para solucionar o para controlar?
Hoy algunos sectores políticos vienen promoviendo con fuerza la idea de que la salida inmediata es la intervención de la empresa por parte de la Superintendencia de Servicios Públicos. La propuesta parece sencilla: intervenir para solucionar. Sin embargo, la historia de los servicios públicos en Colombia demuestra que las intervenciones no siempre terminan beneficiando a las comunidades.

En muchos municipios, las intervenciones han significado pérdida de autonomía, concentración contractual, dependencia externa y decisiones tomadas desde Bogotá. Detrás de un sistema de agua existen contratos, infraestructura, operación, subsidios, inversión pública y capacidad de influencia sobre la vida cotidiana de toda una población. Por eso es preocupante que, en medio de nuestra desesperación, algunos actores oportunistas intenten instalar una narrativa donde la única salida posible sea entregar de nuevo el control del sistema a decisiones externas sin abrir primero una discusión profunda sobre el futuro del agua en Luruaco.
¿Quién se beneficiaría realmente de una eventual intervención?
La ciudadanía tiene derecho a hacerse esa pregunta. No para defender errores ni justificar deficiencias, sino porque Luruaco ya conoce las consecuencias de perder control sobre sus servicios públicos.
La memoria de un error histórico

El municipio tuvo en otro momento una empresa propia de agua. Existía una capacidad local de gestión. Sin embargo, esa estructura terminó desapareciendo bajo la promesa de soluciones más eficientes desde afuera. Hoy, años después, muchos ciudadanos consideran que liquidar la empresa local de agua fue un terrible error. Por eso el debate no puede reducirse a soluciones simplistas. La verdadera discusión es mucho más profunda:
¿Debe Luruaco continuar dependiendo eternamente de operadores externos o empezar a pensar en construir soberanía sobre un recurso vital para su territorio?
La conversación pública tampoco puede ser manipulada emocionalmente. Es cierto que existen fallas graves en la prestación del servicio, pero cuando una comunidad entra en desesperación, es más fácil convencerla de entregar el control de sus decisiones a cualquier actor que prometa soluciones inmediatas. Y precisamente allí es donde el municipio debe actuar con mayor inteligencia y prudencia.
Una solución estructural
El problema del agua en Luruaco no comenzó ayer y tampoco se resolverá únicamente cambiando nombres. La crisis tiene raíces históricas: falta de planeación, debilidad institucional, crecimiento urbano desordenado, ausencia de inversión suficiente, deterioro de redes y pérdida progresiva de capacidad pública local. Por eso la solución debe ser estructural y no simplemente política.

Tal vez ha llegado el momento de que Luruaco empiece a discutir algo que durante años parecía imposible: recuperar gradualmente una capacidad pública propia para administrar estratégicamente su servicio de agua, con vigilancia ciudadana, control técnico, transparencia y participación comunitaria. No se trata de romanticismo estatal ni de defender burocracias ineficientes. Se trata de comprender que ningún territorio puede construir un futuro sólido si pierde completamente el control sobre sus recursos esenciales.
El agua no puede seguir siendo solamente un negocio, una bandera electoral o una herramienta de disputa política. Debe convertirse en un proyecto de territorio.
La pregunta de fondo sobre el agua
Y quizás la pregunta que hoy debe hacerse Luruaco no es quién debe intervenir el sistema actual, sino algo mucho más importante:
¿Quién debe controlar el futuro del agua del municipio: la propia comunidad o intereses externos que suelen aparecer cada vez que las crisis públicas se convierten en oportunidades políticas?
Reflexión sobre el presente y el futuro del agua en Luruaco.




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